Columna de Opinión: Sino aprendemos nada con el Covid-19 preparémonos para las siguientes pandemias


Este contexto de pandemia nos ha obligado a modificar nuestras formas cotidianas de relacionarnos y habitar.

Pero también es una invitación a reflexionar y valorar lo que hasta antes del covid-19 ni siquiera era tema mediático. La importancia de la naturaleza y el paisaje para nuestra salud.

Estudios sobre el invaluable rol de los servicios vitales o servicios ecosistémicos proporcionados por la naturaleza para todos los seres vivos, humanos y no humanos sobran e incluso resultan hasta obvios. Por ejemplo, sin agua no hay vida, sin bosque no hay agua, sin aire limpio hay enfermedades, etc.

Hoy al estar privados de la naturaleza, de una brisa fresca en el rostro, del bosque y sus inigualables aromas comenzamos a comprender que no se trata de gustos o de “hipismo”. Sino de una necesidad para el bienestar y la salud.

Pero para poder vivir del otorgamiento de los servicios vitales necesitamos que exista naturaleza saludable. Y que nosotros como parte de ella estemos en una relación consciente, reciproca de respeto y equilibrio.

Desde la revolución industrial hemos destruido todo a nuestro paso. Sin importar más que el dinero y el sostén errado de una economía que debe crecer de manera constante e infinita en un planeta de recursos finitos.

Pero claro, no podemos retroceder el tiempo y enmendar el camino. Pero de igual forma debemos responsabilizarnos de los males heredados.

La devastación de la naturaleza ha sido tan intensa que ya no da lapso para pasos errados. Con las ciudades expandiéndose hacia los bosques a través de la parcelación, tráfico de animales exóticos, cambio climático, etc. Nos hemos expuesto y dado las condiciones para la propagación de virus y enfermedades que desde hace años producto de la zoonosis nos vienen afectado. Tal es el caso del Dengue, SIDA, Hanta, covid-19, entre otros.

Los cuales han “existido” de manera natural en ecosistemas específicos, pero con una baja probabilidad de zoonosis al existir especies vegetales o animales que funcionan como “barrera” entre ellos y nosotros.

Hasta aquí la evidencia transdisciplinar es clara. Solo al modificar nuestras percepciones y relación con y hacia los ecosistemas naturales podremos prevenir enfermedades y virus futuros.
Desde la ecología política señalamos que para evitar afecciones futuras no basta con vivir en un medio ambiente “libre” de contaminación. Sino que, además, hay que develar y modificar las relaciones de poder implícitas y explícitas que han llevado a que humanos y no humanos estemos en tensión constante.

La naturaleza ya no puede estar subyugada a nuestro antropocentrismo. Somos parte de ella, somos parte de este gran ecosistema global.

La invitación es a que seamos naturaleza.

Juan Hernández Arévalo.
T. Automatización y Control Industrial.
Sociología, Universidad Católica de Temuco
Comité Ambiental Comunal de Angol

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